sábado, 29 de septiembre de 2007

EL CONFESIONARIO Gabriela Toscano:
"Tengo memoria a corto plazo"

Tiene algunos recuerdos vagos de sus 37 años de carrera, pero una madre que le apunta el dato preciso. Claro, empezó a los 4. Y nunca paró la nena que supo hacerse grande... trabajando con casi todos los grandes
Silvina Lamazares
slamazares@clarin.com
Pudo haber sido una niña prodigio de la tele, pero supo tomar el desvío a tiempo. Fue una nena que se hizo grande (en el medio), mientras se hacía grande (en la vida), no antes. Más allá del madrugón del debut, con 4 años y más fantasía que realidad, hubo un momento en el que, sola, decidió frenar y elegir. A los 41, tiene un largo camino andado, que la lleva a decir que "la gente recuerda de mí más de lo que yo puedo. Tengo memoria a corto plazo y me gustaría acordarme de todo lo vivido, pero no lo logro". Del otro lado del teléfono, su madre aporta la precisión que la hija olvida. Dato que estira, por cierto, aún más la nutrida trayectoria de Gabriela Toscano: antes de dejar su Uruguay natal, a los dos años y medio, participó, como jugando, de Sangre de mulato, el programa que no abre su currículum, pero sí marcó su destino.
Cuando los Toscano llegaron a Buenos Aires, su hermana mayor la llevó al cásting de Música en libertad infantil, sin sospechar, seguramente, que, de algún modo, estaba bailando por un sueño: "Siento que había una cosa muy marcada, que fui descubriendo con el tiempo. No es que yo quería ser famosa... a esa prueba, por ejemplo, fui como si fuera a una fiestita de cumpleaños. A mí me gustaba jugar a eso. Creo que lo vivía como algo cómodo, nada tedioso... En la infancia, claro".
La aclaración, en pleno mediodía soleado, cerca del río y de una larga ronda de café cortado, la lleva a los viejos tiempos en los que la gracia se convirtió en responsabilidad, cuando todavía jugaba con esas dos muñecas que ni su madre ya puede encontrar. "En la adolescencia se puso medio pesado todo esto. Yo lo venía haciendo así, de corrido, y no sabía muy bien si lo estaba eligiendo... estaba un poco desorientada. Y el momento clave fue cuando hice Rosa de lejos (ATC), con un personaje muy fuerte: una chica de 14 años que se casa con su primo, queda embarazada, tiene el bebé y se muere. Ah, ahí también di mi primer beso (a Gustavo Luppi). El tema es que a mí me gustaba trabajar, pero como no tenía método lo sufría bastante. Trabajaba muy intuitivamente", se sincera.
"Esa fue una etapa muy angustiante, porque seguía laburando, pero sin disfrutarlo al máximo. Y eso que me llamaban de programas muy buenos, como Los gringos, Los miedos o Vínculos. El asunto es que yo no podía encontrarme, no hallaba mi lugar. Era como que mi vida iba", reconoce la protagonista de La duda, la exitosa obra que dirige Carlos Rivas —también su marido— y que hoy y mañana se presenta en Chaco.
¿Y cuándo volvió el disfrute?

Estuve muy perdida un tiempo largo y después hice un cambio mío, interno, con el que empecé a madurar. Justo fue la época en la que me encontré con Carlos. Y cuando uno "se encuentra" con alguien empieza a crecer con el otro. A partir de ahí pude organizarme internamente, tomar una dirección. Hablábamos de lo que quería hacer... su mirada siempre me importó mucho.
Antes de que la realidad los cruzara, la ficción ya los había acercado, "cuando él dirigía un especial para Canal 11 con Soledad Silveyra de protagonista. Ella era una bandoneonista".
¿Vos de qué hacías?
No, yo hacía de una chica. Una típica chica periférica.Los nada despreciables papeles de chica periférica que pudo haber tenido le permitieron no sólo moldear la buena actriz que sabe ser, sino hilvanar una intensa seguidilla de trabajos —en cine, teatro, publicidad y TV— en los que la sola mención de sus compañeros de ruta da cuenta de su recorrido: Narciso Ibáñez Menta a Alfredo Casero, pasando por Santiago Gómez Cou, Isabel Sarli, Miguel Angel Solá, el Polaco Goyeneche, Olinda Bozán y siguen las firmas.Los títulos, eclécticos, también fortalecen su trayectoria de largo aliento, que combinan La Mary y El exilio de Gardel en cine, Madera de reyes y Monólogos de la vagina en teatro y más de 70 programas en la pantalla chica, con Amas de casa desesperadas como último eslabón.
Atrás quedaron los tiempos en los que su mejor escenario era el club Excursionistas, donde Toscano no era Gabriela, ni la nena de la tele. Era la nieta del canchero: uno de sus mejores planes era ayudar al abuelo Cristóbal "a marcar con cal los límites de la cancha. O ayudarlo con la utilería. O subirme a las montañas de tierra que quedaron a un costado de Libertador cuando se construyó el túnel". Y eso que, confiesa, no sabe recordar...
Fuente: Diario Clarín 29 de Septiembre de 2007

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